Destacó que, aunque el texto sufrió modificaciones, representa una herramienta clave para combatir la «industria del juicio» y fomentar la creación de empleo genuino.

Héctor Bolzán, presidente de la Bolsa de Cereales de Entre Ríos, se refirió a la expectativa que genera la reforma laboral en el empresariado. Para el dirigente, se trata de una medida largamente esperada que el Gobierno nacional finalmente decidió abordar tras años de postergación en la agenda política.
“Creo que la que va a salir va a traer beneficio, no tal vez los que se deberían tener pero bueno es un avance y creemos que en otra etapa tal vez se pueda lograr todo lo que se quiere”, afirmó.
En este sentido, reconoció que la norma es fruto de un intenso trabajo parlamentario durante el verano, aunque debió ser adaptada debido a diversas presiones sectoriales.
El fin de la «industria del juicio»
Para el titular de la Bolsa de Cereales, el principal obstáculo para la generación de puestos de trabajo ha sido la inseguridad jurídica que enfrentan los empleadores: para el sector, el ordenamiento es vital para seguir creciendo.
Bolzán fue enfático al describir el impacto de los litigios en las estructuras pequeñas: “Lo que mataba a la empresa y al trabajo es la industria del juicio; uno por ahí para tomar un empleado lo pensaba dos veces, una pyme chica que tiene pocos empleados y un juicio laboral la termina a veces”, indicó.
Bajo esta premisa, subrayó que las PyMEs son las que poseen la mayor capacidad de dinamizar el mercado laboral de forma inmediata. Para ello, facilitar la contratación en estas unidades productivas es la solución al flagelo de la desocupación: “El que tiene dos empleados pone uno más y es un 50% más, el que tiene uno pone uno y es un 100% más; si hacemos crecer esas pymes, ahí podemos tener fuentes laborales que son las que se necesitan”, sostuvo.
Hacia un debate político maduro
Más allá de lo técnico, Bolzán lamentó el nivel de confrontación en el Congreso y llamó a los legisladores a priorizar el desarrollo del país por encima de las mezquindades partidarias.
Para el empresario, la resistencia a los cambios muchas veces responde al miedo a perder privilegios sectoriales: “Tendría que ser más maduro el debate porque el debate siempre es bueno, pero a veces cuando se sale de contexto y ya deja de ser bueno hay gente que no quiere perder beneficios que tiene y ahí empieza a exasperarse”, afirmó.
Finalmente, aunque reconoció que la ley actual no es el punto de llegada definitivo, se mostró esperanzado en que esta etapa marque el inicio de una recuperación en la oferta de trabajo: “Creemos que esta ley va a traer un poco de alivio pero bueno vamos por más”, concluyó.
El trabajo del SIBER
Para complementar el análisis sobre el escenario productivo regional, el Ingeniero Agrónomo Pablo Fontanini, responsable del SIBER (Sistema de Información de la Bolsa de Cereales de Entre Ríos), brindó detalles técnicos sobre cómo las precipitaciones de febrero han modificado las proyecciones para la campaña gruesa, tras un cierre de enero marcado por la escasez hídrica.
El seguimiento satelital y de campo realizado por el organismo indica que las lluvias recientes han sido determinantes para el sostenimiento de los cultivos de verano. Según explicó Fontanini, el panorama de la oleaginosa presenta una configuración particular este año debido a la competencia por la superficie con otros granos: “Es importante destacar que las precipitaciones fueron clave para las soja; pensemos que el área de soja de primera se ubica en unas 300.000 hectáreas, lo que representa una caída importante respecto al año pasado”, indicó.
Esta disminución en la soja de primera responde a dos factores centrales: el crecimiento de 100.000 hectáreas en la superficie de trigo y la expansión del maíz. En consecuencia, el protagonismo lo ha tomado la soja de segunda, que ya representa más del 70% del área total: “La superficie puede ser de unas 750.000 hectáreas; están desde estado vegetativo con siembras un poco más tardías de lo normal por los buenos rindes que tuvo el trigo”, agregó. Para el especialista, las lluvias de febrero son el factor crítico para asegurar un rendimiento normal que podría oscilar entre los 2.200 y 2.400 kg por hectárea.
El récord del trigo y el dilema de la proteína
El informe del SIBER también puso de relieve los números históricos que dejó la cosecha fina en la provincia. Entre Ríos alcanzó la superficie de trigo más alta desde que se tiene registro en la Bolsa de Cereales (año 2000), superando las 730.000 hectáreas con un rendimiento promedio récord de 4.200 kg por hectárea. Sin embargo, este volumen excepcional trajo aparejado un inconveniente en la calidad comercial del grano.
Al respecto, Fontanini detalló que el clima frío y húmedo del invierno favoreció la sanidad y el potencial de rinde, pero diluyó el contenido proteico: “Fue una circunstancia donde el cultivo pudo expresar su máximo potencial, pero quizás la planificación que hizo el agricultor no llegó a cubrir la necesidad de nitrógeno que realmente tuvo el cultivo”. Esta situación generó mermas en la comercialización: “Un productor que hizo su planeamiento para una producción de 4.000 kg se encontró con que su cultivo había rendido 1.000 kg más y, obviamente, ese déficit lo pagó con el nivel de proteína”.
De cara a lo que resta del ciclo, el SIBER continuará monitoreando el llenado de los lotes de soja, con la expectativa de que el clima acompañe el cierre de una campaña que ya cuenta con el impulso de las lluvias de febrero para normalizar sus rindes.