Sergio Baravalle y su hijo, Diego, nos contaron cómo es el día a día de la familia, ligada históricamente a la producción agropecuaria. Además, cuáles son los desafíos que enfrentan con el cierre de exportaciones.

«Somos nacidos y criados en el campo», afirmó Sergio para marcar el sello distintivo de la familia y remarcó: «Hoy la juventud se sube arriba de una máquina con toda la tecnología; no es lo mismo que venir a pisar bosta y a cuidar los animales».
A cada paso, la familia Baravalle refleja la marca del trabajo. Supo ser referente en la producción de novillos de exportación, es decir, «novillos pesados», llamados así por el nivel de peso que exige el mercado exterior. Su trayectoria y experiencia en el rubro aportan un diferencial superador en el producto final.
Como método de engorde utilizan alfalfa y la técnica de pastoreo rotativo, que consiste en delimitar la superficie de pasto e ir moviendo los animales para rotar el verde y favorecer el cuidado de la materia orgánica. Para la terminación, se elige maíz de silo bolsa, según explicaron los Baravalle.

«Hay que buscarle la manera de lograr un manejo que sea cómodo para nosotros y que el animal se pueda adaptar fácilmente, que pueda alimentarse de la mejor manera y poder lograr obtener el mejor resultado», amplió Diego, quien continúa el legado pastoril familiar.
Los terneros llegan a la etapa de engorde con «aproximadamente entre 180 y 200 kilos», comentó. El momento ideal lo «detectamos por medio de edad y también de tamaño, lo vamos regulando», agregó Diego y comentó que en el campo de cría se realiza un seguimiento pormenorizado de las madres, para elegir el mejor momento para el destete.

Falta de previsibilidad: «No podemos hacer nada a futuro»
Sergio lamentó las disposiciones gubernamentales sobre el mercado exterior, particularmente, la prohibición de exportación de diferentes cortes de carne, un mercado para el cual la familia trabajaba de gran manera y que conllevó una inversión previa muy importante.

«No podemos hacer nada a futuro con la ganadería porque la previsibilidad no existe. Uno hace inversiones. Yo compre silo, moledora, hice un galpón para guardar rollo, para moler, para tener todo y de un día para el otro, el señor Moreno se robó la exportación», lamentó el productor.

No obstante las condiciones adversas y las coyunturas que suelen afectar de manera directa a la producción ganadera, la familia Baravalle se mantiene firme en el Establecimiento «La Ester» y representan un ejemplo de la vida y el trabajo de campo.
«Gracias a Dios no nos va mal, a pesar de todo. Los gobiernos, un poco más o un poco menos siempre nos meten las manos en los bolsillos pero mientras nos acompañe el de arriba, nosotros la peleamos y siempre le vamos a buscar la vuelta para que el campo produzca, no vamos a bajar los brazos», concluyó.